CAPÍTULO II.
Estaba haciéndose de noche. Ella pensaba que iba a ser una noche como cualquier otra. Mientras las horas pasaban iba creciendo en ella esa sensación inevitable de que el tiempo estaba delimitado, angustiosamente limitado. Quizás eso la hacía preguntarse qué era lo que ella quería y buscaba, pero por momentos sólo se sentía paralizada, inmóvil, como cuando te encuentras con algo que te asusta.
Esa noche ella volvió a verlo, tal como solía hacerlo casi todos los días. Su corazón latía un poco más fuerte pero sin sentirse incómoda, quería verse bien, quería que él se sintiera orgulloso de estar con ella. Él llegó y la abrazo con una fuerza reconfortante, mientras ella lo veia con una mirada un poco perdida. Sus ojos gritaban no saber qué hacer o qué decir. Él, sin embargo, siempre se mostraba seguro, decidido, fuerte.
Esa noche, él la miraba diferente y ella se dió cuenta que él le intentaba decir algo con su mirada, algo difícil de poner en palabras. Ella entendió que mientras pudiera mantenerse en el rango de la mirada de él, ella estaría tranquila. Sintió curiosidad, curiosidad por saber esas palabras que él estaba expresando en su mirada. Estaba curiosa por escucharlo, pero sabía que esas palabras llegarían en cualquier momento, solamente debía esperar.
Ahí, mientras se encontraba en sus brazos, mientras hablaban sobre todo y nada a la vez, ella se encontraba pensativa. "Tienes que vivir el momento en el que estás"- pensó ella aquella noche - quizás mañana ya no estés aquí, o este otra persona a tu lado. Quizás, esta sea la persona con la que vas a compartir tus próximos años. Quizás, el tiempo tenga
un plan distinto. Quizás, debas dejarlo ir. Aún cuando así fuera, ella tenía la sensación de que en un futuro lo vería y no se arrepentiría de todo lo que había vivido con él, simplemente le sonreiria como solía hacerlo siempre, y por eso sentía que no debía detenerse.
"Simplemente debes vivir", eran las palabras que ella se repetía constantemente. Así que esa noche lo miró detenidamente antes de irse, lo abrazo con más fuerza que nunca y simplemente le sonrió. Ella sabía que esa sonrisa llegaría muy lejos.

Comunicación no verbal, no escrita.. solo lo simple y fuerte de una mirada que ofrece mas que cientos de palabras
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