sábado, 28 de enero de 2017

II. Ella quería sonreirle.

CAPÍTULO II.

Estaba haciéndose de noche. Ella pensaba que iba a ser una noche como cualquier otra. Mientras las horas pasaban iba creciendo en ella esa sensación inevitable de que el tiempo estaba delimitado, angustiosamente limitado. Quizás eso la hacía preguntarse qué era lo que ella quería y buscaba, pero por momentos sólo se sentía paralizada, inmóvil, como cuando te encuentras con algo que te asusta.

Esa noche ella volvió a verlo, tal como solía hacerlo casi todos los días. Su corazón latía un poco más fuerte pero sin sentirse incómoda, quería verse bien, quería que él se sintiera orgulloso de estar con ella. Él llegó y la abrazo con una fuerza reconfortante, mientras ella lo veia con una mirada un poco perdida. Sus ojos gritaban no saber qué hacer o qué decir.  Él, sin embargo, siempre se mostraba seguro, decidido, fuerte.

Esa noche, él la miraba diferente y ella se dió cuenta que él le intentaba decir algo con su mirada, algo difícil de poner en palabras. Ella entendió que mientras pudiera mantenerse en el rango de la mirada de él, ella estaría tranquila. Sintió curiosidad, curiosidad por saber esas palabras que él estaba expresando en su mirada. Estaba curiosa por escucharlo, pero sabía que esas palabras llegarían en cualquier momento, solamente debía esperar.

Ahí, mientras se encontraba en sus brazos, mientras hablaban sobre todo y nada a la vez, ella se encontraba pensativa. "Tienes que vivir el momento en el que estás"- pensó ella aquella noche - quizás mañana ya no estés aquí, o este otra persona a tu lado. Quizás, esta sea la persona con la que vas a compartir tus próximos años. Quizás, el tiempo tenga
un plan distinto. Quizás, debas dejarlo ir. Aún cuando así fuera, ella tenía la sensación de que en un futuro lo vería y no se arrepentiría de todo lo que había vivido con él, simplemente le sonreiria como solía hacerlo siempre, y por eso sentía que no debía detenerse.
"Simplemente debes vivir", eran las palabras que ella se repetía constantemente. Así que esa noche lo miró detenidamente antes de irse, lo abrazo con más fuerza que nunca y simplemente le sonrió. Ella sabía que esa sonrisa llegaría muy lejos.

lunes, 16 de enero de 2017

I - Algo había cambiado.

PRIMER CAPÍTULO. 
Algo había cambiado

Ella estaba en silencio, casi muda, con una sensación inevitable de no saber lo que estaba pasando. Ahí, en ese momento, lo miró a él, y supo que justo en ese instante, ya no tenía que preocuparse solo por ella y debía comenzar a pensar en dos. 
Esta idea casi la atrapó. La idea absoluta de empezar a pensar en compañia. En la posibilidad remota de servir dos tazas de café diarias, en vez de una sola. En ir al cine sin colocar la barra que separa una silla de la otra. En esa posibilidad casi alucinante de ver una película en compañía. En cocinar, no sólo para ella,  sino para alguien más. En compartir un libro, una noticia, y en sonreír como respuesta a las bromas de él. Pensó en esa maravillosa sensación de sentirse querida y deseada, y en su propio deseo de querer y desear a otro. Pensó, en cuestión de minutos, en cada fecha especial en la que ya no sería solo "ELLA" sino que estaría acompañada de un él, del cual se sentiría orgullosa.  Pero que sensación tan extraña - pensó, mientras comenzaba a sentirse agitada - justo en este momento sintió miedo. Si, miedo. Un miedo irremediable a renunciar, a cambiar,  a transformarse. Es que ella llevaba mucho tiempo simplemente cuidandose a sí misma, y esta idea de estar en compañía a otro era algo novedoso. ¿Cómo es eso? ¿Cómo se hace? ¿Lo sabré hacer? ¿Y si algo sale mal?. Por un momento, pensó en huir. Si, simplemente huir, así como si estuviera siendo perseguida por algún tipo de monstruo extraño y maligno. Ya cuando estaba a punto de salir corriendo y no volver, decidió voltear a verlo a él. Él era decidido,  fuerte, protector e interesante. Sobretodo,  interesante. Cuando ella lo vió a los ojos, pudo ver más allá de lo que ella pensaba que estaba observando. Ella entendió en ese momento que podía estar llena de inseguridad, podía no saber que estaba pasando por la mente de él, podía estarse arriesgando total y completamente, podía sentir miedo, temor ¡terror! pero, entendió que si decidía aceptar la compañía, debía preocuparse menos por las intenciones del otro, y más por las suyas. Debía entender que nunca iba a saber completamente si la otra persona estaba diciendo la verdad o la mentira, debía entender que ahora dejaría de importar tener el control de absolutamente todo,  debía entender que a partir de ahora, algo había cambiado, ya no eran solo "ELLA Y ÉL" como personas separadas, podía comenzar un NOSOTROS.