Miedo de pensar, de sentir, de
esperar. Miedo que me ataca y me consume. Miedo a reaccionar, a veces miedo a
una consecuencia dolorosa. Todos hemos sentido miedo ¿No? A veces es miedo a
perder, perder a una persona, perder un reto impuesto por ti mismo. Perder la
esencia de lo que eres en el camino de tus días, pero todo se resume en esa
emoción que se te hace sentir realmente indefenso.
Te visualizo a menudo, aquí
conmigo. Pero de una forma muy triste veo como desapareces, veo como te
desvaneces en el tiempo. Te reconstruyo enseguida en mi mente y con un grito atravesado
entre mis labios puedo preguntarte ¿Dónde estás? ¿En dónde te escondes cuando
no puedo sentirte cerca?
Pero de repente siento miedo…
Miedo, mucho miedo… Miedo de perderte incluso en mi mente y de no poder
recuperarte. Me asomo a mi ventana y veo una luna sonreída, sonrió y solo tú
sabes la razón de esa sonrisa. Veo pasar el tiempo entre mis manos, veo pasar
los días, los segundos y las horas y aun ando buscándote en dónde sé que no
puedo encontrarte. Aún reproduzco cada detalle de un encuentro inesperado. Un
par de sonrisas nerviosas y un sentimiento a flor de piel.
El miedo no deja de estar, a
veces se hace pequeño y otras siento que no para de crecer. Pero aquí estoy, me
asomo de vez en cuando y me imagino que llegas y me dices “Aquí estoy”, pero no
sucede y sólo puedo eso, imaginarlo.
Te veo en sueños, a veces en la
noche, a veces en el día. Sueño que te veo, te siento y te digo “Te amo”. En
los sueños no siento miedo, cuando te encuentro tampoco lo siento, el miedo
viene es cuando te alejas, cuando por segundos te veo difuso y sólo me queda la
imaginación.
Quiero dejar de sentir miedo,
quiero que me protejas. ¿Puedes ayudarme? ¿Qué esperas?

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