sábado, 12 de marzo de 2016

Sin cautela.




     Sensaciones que van y vienen; como un sube y baja, como una tormenta que se calma justo cuando se está convirtiendo en tornado, como cuando vas cayendo en la parte más alta de la montaña rusa y llegas al comienzo. Sensaciones que no son necesariamente buenas o malas, simplemente son y están, y al estar, se hacen sentir profundamente. Aún cuando evado, llega el punto en donde busco sentir; así, profundamente, tal como viene... 

     Dejar de pensar y sentir. Es de esas cosas que me cuesta hacer. Yo misma me pongo una trampa. Se trata de la libertad absoluta de poder sentir sin restricciones, normas o planes. Sentir simplemente porque puedo hacerlo. Sin miedos, temores, o ningùn signo de cautela. ¿Acaso se puede? Sentir y dejarme llevar sin miedo a no tener control sobre eso, sin miedo a que el resultado sea bueno o malo. Sentir sin definir el sentimiento, dejarlo en la expresión, en la sutileza de sentir sin importar lo que venga después, y poder recordar ese sentir tal como vino sin inundarlo de algo preconcebido o explicaciones racionales del POR QUÉ o el PARA QUÉ. 

Solo sentir. Sin cautela, sin miedo, sin planes.

Solo sentir.  

María Gisela Piñango Lizardo